Digamos que por ejemplo en una universidad, en la que sea, llega a la clínica universitaria podológica un paciente con un problema en un pie. El profesor “X”, ve al paciente, le explora y dice: yo le pondría una plantilla con una descarga selectiva en el segundo metatarsiano. En esto llega la profesora “Y”, que sabe bastante, y le replica: “no no: eso está bien, pero a mí me va mejor con la pieza retrocapital para esta patología, siempre la trato así y es lo que más me gusta”. Se hace el silencio en la consulta, hay un cruce de miradas entre los profesores, no muy amistosas, y deciden llegar al final del asunto, que es ir a preguntarle al que más sabe: el jefe del departamento de podología, el Prof. Dr. D. comosellame. Este Profesor Doctor, ya mayor, con toda su experiencia de años y años viendo pacientes dictamina rápidamente que no, que lo que hay que hacer es hacerle una osteotomía elevadora del metatarsiano, que a él nunca le han funcionado las plantillas que ha hecho. Y como lo dice el jefe, pues nada, es lo que vale.
¿De los tres tratamientos cuál es el mejor? ¿El que diga “el que más sabe”? Pues veremos…
Esto que os he contado, realmente no se si ocurre mucho en las clínicas universitarias podológicas, pero en los hospitales era (y es en muchos casos) así, que la última palabra la tenía el jefe de servicio.
Esta siempre es una opinión basada en la experiencia… pero la experiencia de cada uno puede depender mucho del azar o de otras variables. Por esto, a alguna buena mujer o a algún buen hombre se le ocurrió mirar que había escrito sobre una determinada patología cuando quiso solucionarla desde su profesión sanitaria. Pero se encontró con otro problema: ¿Son fiables los artículos científicos? La mayoría de nosotros pensamos que sí… pero la respuesta es NO. Mucha gente trastoca los resultados cuando no dan lo que buscan, de hecho, yo lo he visto hacer… Otra gente hace estudios que por su escasa o errónea muestra no son válidos. O simplemente leer un solo artículo no tiene la fuerza necesaria para aplicar un tratamiento por que no se contrasta ningún resultado.
Entonces, ¿de que narices nos fiamos? Si lo que diga es que más sabe no nos vale, y lo que dicen los estudios tampoco… ¡pues no se yo! Pero hay otra fuente más de sabiduría, que esta si que es “la buena”, que es juntar todos los estudios que hablan sobre un tema, leerse todos esos artículos, y a partir de ahí, sacar unas conclusiones con una evidencia científica fuerte, recogiendo todos los avances que ha habido en un tema y que encima es fiable, pues no es un solo artículo, son cientos de ellos (normalmente) que han llegado a conclusiones parecidas. Esto sí que nos vale para aplicarlo a nuestros pacientes.
¿Entonces, con que nos quedamos? Pues con las revisiones sistemáticas de artículos científicos y con los meta-análisis. De aquí salen las guías clínicas, que nos van a servir para tratar a nuestros pacientes con lo último de lo último, y siempre de forma científica.
Y ahora que ya sabemos de es… ¿cómo empezamos a usarlo? Pues por ejemplo, el uptodate es un recurso de información médica muy interesante que está en inglés. Es de pago, y creo que no hay forma de acceder sin pagar. Yo por suerte tengo acceso desde el hospital en el que trabajo. Y otra buena base de datos, es el Cochrane. Esta la pagamos entre todos, es decir, el Ministerio de Sanidad, para todos los que accedemos desde España. Os dejo el link: http://www.update-software.com/Clibplus/ClibPlus.asp
Pues nada, ahora que sabemos que es esto, y sabemos que es lo mejor, a usarlo lo más que se pueda. Lo malo, como siempre, que de podología apenas hay nada escrito…pero haber, hay.

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